Consumir contenido veloz x2 te provoca ansiedad y fatiga mental
Cada vez son más las personas que reproducen clases, reportajes o tutoriales a 2x de velocidad o menosprecian tiempos de lectura en busca de “ganar tiempo” y mantener el ritmo de una vida acelerada.
“La gratificación inmediata nos empuja a optimizar procesos, pero cuando damos información de manera muy rápida se produce una sobrecarga: el cerebro no tiene tiempo de procesar, reflexionar ni asimilar”, explicó Miriam Salazar, investigadora de la Universidad La Salle Bajío.
De acuerdo con la investigadora, el consumo rápido funciona cuando el receptor ya tiene un marco previo sobre el tema; en cambio, con contenidos nuevos o complejos reduce la comprensión y la memoria.
Los efectos no son sólo cognitivos. Las consecuencias pueden ser emocionales: frustración por no retener lo visto, ansiedad, insomnio y una baja en las funciones ejecutivas que afectan el aprendizaje y el desempeño.
“Podemos sostener la atención unos 20 segundos cuando buscamos estímulos constantes; con procesos focalizados y entrenados podemos llegar a 30–40 minutos o más”, señaló.
El fenómeno tiene raíces culturales y tecnológicas: la disponibilidad instantánea de información y la búsqueda permanente de novedades genera el hábito de consumir “por encima” de lo necesario.
En el caso de niños y adolescentes, la exposición temprana a pantallas con estímulos constantes puede entrenar una atención rápida pero superficial, capaz de seguir videos por horas y limitar la tolerancia a actividades monótonas o prolongadas.
Docentes y empleadores han observado cambios en la forma de aprender y trabajar: estudiantes que prefieren repasar en video acelerado antes que participar en clase, o jóvenes con baja tolerancia a tareas repetitivas, lo que incrementa la rotación laboral en ciertos puestos.
Salazar sugirió que las tecnologías pueden ser herramientas valiosas por ejemplo, para reafirmar conocimientos si se usan de forma consciente y con estrategias pedagógicas que fomenten el análisis.
La investigadora propuso intervenciones colaborativas: padres, escuelas y profesionales en salud mental deben enseñar estrategias de autorregulación y atención. Entre las medidas concretas recomendó: establecer tiempos específicos de pantalla para menores, practicar pausas activas y ejercicios de atención plena al iniciar clases o jornadas de trabajo, y acompañar el consumo rápido con preguntas reflexivas: “¿qué viste?, ¿qué te llamó la atención?, ¿qué entendiste?”.
“La tecnología llegó para quedarse, pero necesitamos enseñar a usarla. Si entrenamos a niños y jóvenes a consumir y analizar, la velocidad puede ser una herramienta; sin ello, se convierte en una fuente de cansancio y de aprendizaje superficial”, concluyó la investigadora.