De punto de encuentro a espacio silencioso la estación del tren de León en decadencia

La estación del tren de León sobrevive al abandono y al fuego, guardando historias de viajeros y comerciantes de antaño
Foto: Especial.

La estación del tren de León, que alguna vez fue punto de encuentro para viajeros y comerciantes, hoy sobrevive como un espacio silencioso, utilizado como bodega por cuadrillas ferroviarias.

Sus paredes guardan historias, que permanecen vivas en la memoria de quienes la vieron funcionar y crecer. Jesús Espinoza ha vendido tacos al vapor frente a la estación durante 30 años.

“Cuando estaba aquí vendiendo, veía cómo la gente esperaba y se subía al tren; incluso llegué a escuchar un par de veces que algunos tenían que contar su dinero para poder subirse. La gente iba para Ciudad Juárez, Aguascalientes y otros lugares, algunos de mosquita”, recordó.

Entre sus memorias también está el incendio hace dos años. “Se quemó la fachada de arriba porque era pura madera y también algunas partes por dentro. Desde entonces, nunca han venido a darle mantenimiento”, afirmó.

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A unos metros se encuentra Martina García quien atiende su puesto de comida desde hace 15 años ha sido testigo de la transformación de la estación.

“Era muy bonito porque había mucha gente y muchos puestos de todo tipo. Yo me llegué a subir al tren cuando costaba seis pesos el pasaje, iba para la estación Pedrito. Veías cómo la gente se apuraba por subir y ganar un asiento”, describió entre risas.

Ambos comerciantes coinciden en que la estructura prácticamente no ha cambiado en su forma, pero sí en su vitalidad.

“Está igual de tamaño, pero antes estaba muy bonito porque había mucha gente. Había puestos que vendían comida, gorditas, tortas. La mayoría de la gente era de aquí, pero viajaban mucho, hasta Torreón o la Ciudad de México”, agregó Martina.

Martina no presenció el incendio pero sí vivió las consecuencias. “Llegamos al otro día y ya estaba todo acordonado, tirado, con agua en el suelo. Sí nos dio tristeza verlo así, porque era el lugar al que siempre llegábamos”.

Actualmente, el edificio sirve para almacenar herramientas y maquinaria de trabajadores del tren.

El deterioro ha sido visible como la pintura desgastada, paredes con grietas por el fuego y letreros descoloridos, como el tablero que aún muestra, borroso, los horarios de los trenes de antaño.

Aunque las vías siguen activas para el paso de ferrocarriles de carga, el bullicio de pasajeros y el comercio vibrante han quedado atrás.

Para quienes lo vivieron, la estación no es solo una construcción olvidada, sino un símbolo de una etapa en la historia de León que poco a poco se desvanece.

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