Brindis colectivo en Tinto Bajío: el vino convoca a cientos en su décima edición

Más de 2 mil personas celebraron la décima edición de Tinto Bajío entre vino, gastronomía, música y convivencia familiar, consolidando a Guanajuato como referente vinícola

La décima edición de Tinto Bajío fue un brindis colectivo. Desde su primer día, el evento se convirtió en un punto de encuentro para amantes del vino, familias enteras, y curiosos que llegaron desde distintos rincones de Guanajuato y estados vecinos para descubrir —y saborear— la riqueza vinícola de la región.

Con una nueva sede en la Academia Renacimiento, el festival reunió a más de 2 mil asistentes y más de 100 expositores de vino de talla local, nacional e internacional. Bodegas reconocidas compartieron espacio con pequeños productores que encontraron en este evento una vitrina ideal para dar a conocer su propuesta.

“Tinto Bajío es un espacio para que los productores puedan darse a conocer, pero también para que la gente pueda conocer la oferta de vinos que tiene Guanajuato”, expresó Lorena Succar, organizadora del evento, visiblemente emocionada por la gran respuesta del público.

La experiencia no se limitó a las copas. Restaurantes locales ofrecieron una variedad gastronómica que maridó a la perfección con los tintos, blancos y rosados servidos en los distintos stands. También hubo música en vivo, inflables para niñas y niños, y zonas para sentarse a disfrutar del clima, la compañía y, por supuesto, del vino.

Un dato curioso: entre los asistentes se encontraba un grupo de japoneses que vive y trabaja en Guanajuato. Atraídos por la propuesta, llegaron al festival para conocer más sobre la cultura vinícola del estado, una de las más pujantes del país.

La mezcla de gastronomía, vino, cultura y convivencia familiar convirtió a esta edición de Tinto Bajío en un evento no solo exitoso, sino representativo del crecimiento de la industria vinícola en Guanajuato.

El festival culminó con el mismo entusiasmo con el que empezó: con copas alzadas, brindis entre amigos y el sabor persistente de un vino que, como este evento, deja ganas de volver.

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