Voces del volante: otra mirada a la realidad del transporte público en León
El entorno de la movilidad en León se mantiene bajo un análisis continuo por parte de la ciudadanía y las autoridades. Por un lado, se han registrado manifestaciones estudiantiles que exigen mejoras en las frecuencias de paso y las condiciones de las unidades. Por el otro, el sector empresarial ha manifestado públicamente sus intenciones de revisar al alza las tarifas del pasaje para hacer frente a los costos operativos. Esta coyuntura coincide con los datos emitidos por el INEGI, los cuales documentaron hace unos meses una disminución en la afluencia de usuarios dentro del Sistema Integrado de Transporte (SIT). En medio de estos hechos, existe una perspectiva que forma parte del día a día del servicio: la de quienes operan los autobuses.
Bajo condición de anonimato, dos conductores compartieron sus experiencias cotidianas en el servicio de transporte. De manera puntual, ambos aclararon que hablan exclusivamente desde sus vivencias particulares dentro de una de las empresas concesionarias que integran la coordinadora de Transportistas Coordinados de León. Por lo tanto, el texto no busca calificar la situación general del gremio, sino registrar las percepciones individuales de los trabajadores frente a su entorno inmediato.
Las dinámicas de horario y recorridos según los testimonios
Para Juan y Pedro (nombres asignados para proteger su identidad), la rutina se rige por horarios que, según explican, comienzan desde la madrugada o se extienden hasta la medianoche. De acuerdo con sus declaraciones, sus contratos contemplan una jornada de seis días de trabajo a la semana por un día de descanso, el cual les es asignado de manera rotativa cada periodo.
Respecto al desarrollo de sus turnos diarios de aproximadamente 12 horas, los operadores detallan que la carga de trabajo implica completar un promedio de cuatro vueltas por jornada, estimando una duración de tres horas para cada uno de estos recorridos a través de la ciudad.
“Cuando me toca ser el primero, tengo que levantarme a las cuatro de la mañana para empezar operaciones a las 5:20 a.m.”, comparte Juan, quien refiere acumular 25 años de servicio al volante. Por su parte, Pedro coincide en las implicaciones de los turnos asignados: “Se termina entre las seis de la tarde y las 11:30 de la noche en la ruta que yo manejo”.
De acuerdo con lo expuesto por los entrevistados, cubrir estas cuatro vueltas diarias implica retos físicos derivados del entorno urbano. Los operadores señalan que, desde su perspectiva, el tráfico en horas pico y el estado de las calles influyen de manera directa en el desempeño de su labor y en el cumplimiento de sus horarios.
“Cuando la gente entra o sale de trabajar, o cuando los niños entran a la escuela, se genera mucho tráfico. Es una situación estresante por la presión del tiempo que uno trae asignado para completar la ruta”, detalla Juan. Pedro agrega que existen otras variantes que repercuten en su rutina diaria: “El estrés, el cansancio, el sol, las jornadas extensas de trabajo y, a veces, las condiciones de los caminos en las colonias influyen en todo el trayecto”.

Según sus testimonios, la carga laboral implica completar un promedio de cuatro vueltas por jornada, con una duración estimada de tres horas cada una.
Foto: Jorge Rodríguez.
La relación tarifa-salario desde la perspectiva del conductor
Desde la inauguración del SIT Optibús en septiembre de 2003, la tarifa general en efectivo ha registrado nueve incrementos oficiales, pasando de los cinco pesos iniciales a los 14 pesos actuales. No obstante, desde la percepción de los choferes entrevistados, este comportamiento histórico no ha mostrado un reflejo proporcional en sus ingresos semanales frente al encarecimiento del costo de vida.
“El sueldo ya no es tan competitivo como antes”, explica Pedro. “Casi venimos ganando el mismo sueldo de hace 20 años; no ha variado mucho. Muchas veces ha aumentado el pasaje y nosotros seguimos con el mismo sueldo”.
Juan complementa la idea compartiendo estimaciones de sus propias percepciones: “Te vienen quedando como 2,200 pesos a la semana. En 25 años que yo he trabajado en esta empresa, ha sido el mismo sueldo siempre”.
El esquema por vueltas y sus implicaciones operativas
A pesar de contar con las prestaciones estipuladas por la ley y estimar un ingreso promedio de 10 mil pesos libres mensuales, los operadores comentan que el impacto en sus finanzas varía según el método de cálculo de la empresa, el cual, según detallan, se basa en las vueltas completadas y no en una jornada fija.
Bajo esta modalidad, los entrevistados indican que si una unidad sufre un desperfecto mecánico o un retraso por percance vial que obligue a detener el camión y transferir a los pasajeros a otra unidad, el operador pierde el ingreso correspondiente a esa vuelta. De acuerdo con su visión, esta estructura influye de manera directa en sus percepciones y es un factor que asocian con la rotación de personal y la falta de choferes en el sector.
“Por eso es la escasez de operadores”, reflexiona Pedro. “Hace 20 años un plato de comida te costaba 25 o 30 pesos. Ahora en la actualidad te gastas hasta más de 100 pesos en un desayuno. Las cosas sí han ido incrementando y el sueldo se ha mantenido en el transporte”.
Los conductores manifestaron además que la necesidad de cubrir los tiempos asignados a las cuatro vueltas reduce los márgenes de descanso entre recorridos, lo que, afirman, genera complicaciones a largo plazo en su salud física.
“Cuando somos los primeros es de reguilete, llegar y salir sin descanso de nada, sin dar tiempo de ir al baño. Muchos operadores se han enfermado de los riñones, hay mucho diabético”, señala Juan.
El factor tiempo y el entorno familiar
Más allá de los aspectos económicos y operativos, los trabajadores expresaron que las jornadas descritas conllevan repercusiones en el ámbito familiar debido al tiempo invertido en las rutas y los turnos asignados durante fechas festivas.
“Yo ya me siento cansado de estos 25 años, ahorita ya que voy para los 60 años, en veces sí me arrepiento porque yo he desatendido mucho a mis hijos”, relata Juan en una reflexión sobre su vida personal. “Que uno no los acompañaba a un partido de fútbol, que terminan la primaria, que termina la secundaria, algún cumpleaños. Y ahorita que me dan un día de base yo llego a mí casa y ahí estoy como un fantasma, porque ellos se acostumbraron a que su padre nunca estuvo ahí“.
Mientras el debate en torno a las manifestaciones estudiantiles, las intenciones de revisión tarifaria por parte del sector privado y los indicadores de afluencia del INEGI continúan marcando la agenda pública de León, el sistema de transporte sigue cubriendo sus trayectos diarios. Desde el asiento del conductor, los testimonios de Juan y Pedro aportan una mirada complementaria sobre la rutina y las vivencias personales de quienes operan el servicio público desde el volante.