Cañada de la Virgen: la joya arqueológica de San Miguel que une cielo, tierra y tradición viva

Una de las cinco zonas abiertas al público en Guanajuato reúne astronomía, más de mil años de historia y ceremonias que siguen vivas hoy

El camino es parte de la experiencia

A 22 kilómetros de San Miguel de Allende, camino a Dolores Hidalgo, a pie de carretera, te recibe un pequeño museo de sitio donde comienza el recorrido. Aquí se exponen piezas clave y datos generales de una civilización con más de mil años de antigüedad, investigada desde los años noventa y abierta al público en 2011.

Después de la introducción museográfica, se avanza 8 kilómetros en un vehículo, que atraviesa 700 hectáreas de área natural protegida: encinos, cañadas rocosas, mezquites y huizaches acompañan el trayecto, mientras el ritmo de la vida moderna se queda atrás.

“Todo el transcurso… nos vamos despojando de lo que somos y de lo que tenemos, de nuestra tecnología. De pronto hasta la señal por ahí se pierde”, comenta el doctor Omar Cruces Cervantes, coordinador de la zona arqueológica.

“Te vas despojando un poco de lo que eres y te vas adentrando en este mundo prehispánico hasta que llegas al recinto sagrado. Guarda toda la esencia de las antiguas peregrinaciones que se hacían desde las comunidades hacia aquí”, añade el coordinador del sitio arqueológico.

Al terminar el trayecto motorizado, comienza el tramo final: una caminata cuesta arriba, sin casas, comercios ni ruido. No hay nada pero no hay todo —solo silencio—, que exige ir con ropa cómoda, equipaje ligero y muy bien hidratado.

Museo de sitio

Historia, investigación y los guardianes del sitio

En la cima se despliegan los conjuntos arquitectónicos, producto de décadas de trabajo continuo. El reconocimiento inicial corresponde al arqueólogo sanmiguelense Luis Felipe Nieto, cuyos estudios a partir de los años 90 dieron pie a excavaciones, exploraciones y restauraciones continuadas por la arqueóloga Gabriela Zepeda y equipos multidisciplinarios.

Hoy, reconstruyen y mantienen los complejos monumentales integrantes de la comunidad de Los Toriles: Gerardo Hernández y Abel Pastor; mientras que Margarita Morín es una de las guías encargadas de conducir y explicar cada detalle a los visitantes. De las más de 700 hectáreas registradas, solo 16 hectáreas están acondicionadas para recorrido público.

“Es una joya arqueológica para Guanajuato, para Mesoamérica”, señala el doctor Omar Cruces Cervantes, coordinador de la zona arqueológica.

“Se trata de un centro ceremonial de alta importancia, ubicado algo alejado de los principales núcleos prehispánicos del valle, más cercano al Río Laja”, precisa el responsable del recinto.

Casa de los 13 cielos

Arquitectura y saberes astronómicos

Las estructuras combinan función ritual, cívica y científica. El sitio se construyó y ocupó entre 540 y 1050 d.C. y funcionó como un gran observatorio, donde se seguían ciclos solares, lunares y de Venus para orientar actividades agrícolas y ceremoniales. Durante mucho tiempo se pensó que sus pobladores pertenecían a grupos otomíes o toltecas, pero estudios recientes cambian esta visión.

“Los resultados de ADN recientes que están por publicarse nos dan otra información donde la afiliación genética de varios individuos es más bien nahua, aunque hay afiliaciones asociadas con los Seris, los Mayas y con los Mixtecos entre otros”, detalla el doctor Omar Cruces Cervantes, coordinador del área arqueológica.

Entre los conjuntos más destacados:

– Complejo A – Casa de los Trece Cielos: pirámide de 16 m de altura, corazón político‑ritual y observatorio con visibilidad a 360 grados.

“Aquí hay múltiples rasgos arqueoastronómicos, enterramientos, basamentos, patios hundidos, plazas y una calzada ceremonial”, explica el coordinador. En su cúspide permanecen restos del Templo Rojo, con pintura mural original.

– Complejo B – Casa de la Noche más Larga: perfectamente alineado con el solsticio de invierno.

– Complejo D – Casa del Viento: edificio circular, forma poco frecuente en la región, ligado a la veneración del aire en Mesoamérica.

En total se contabilizan tres patios hundidos —dos explorados, uno intacto—, además de áreas habitacionales, talleres de lítica, cuevas y cañadas aún sin intervenir.

“La zona arqueológica es mucho más extensa de lo que se visita. Hay muchos vestigios por ahí, hay otros edificios que no están explorados, hay muchas áreas habitacionales, hay de talla de herramientas líticas, hay cuevas, hay cañadas, hay muchos elementos arqueológicos que están registrados pero no explorados”, recuerda el doctor Omar Cruces Cervantes.

“Templo rojo” con vestigios de la pintura original

Parque Botánico: herencia viva de la tierra.

Al lado de los complejos arquitectónicos, se encuentra el Jardín Botánico de Cañada de la Virgen, que conserva especies nativas como mezquites, huizaches, cazahuates, izotes y sangre de grado —plantas con uso medicinal antiguo, que siguen presentes en el saber tradicional—.

“Es un lugar aislado, pensado como centro ceremonial, sitio de peregrinación y espacio de conocimiento”, indica el doctor Omar Cruces Cervantes, coordinador de la zona.

Casa del viento

Tradiciones actuales: ceremonias con respaldo oficial.

Con autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), grupos chichimecas, otomíes y descendientes realizan ceremonias en el sitio desde hace varios años. Destacan las velaciones de la mayordomía, celebraciones nocturnas con cantos y alabanzas, y las peticiones de lluvia.

“Esta ceremonia se empezó a originar debido a las sequías que se tenían en este lugar. Tuvimos hace unos cuatro o cinco años de sequías. Y créanmelo o no, a partir de que se hacen estas ceremonias la lluvia ya ha sido constante a partir de entonces”, cuenta el doctor Omar Cruces Cervantes, coordinador del sitio arqueológico.

“Esto le da vida al centro ceremonial, deja de ser un lugar de ruinas o un lugar estático y más bien le da mucha vida al lugar”, concluye el responsable de la zona.

Patio hundido. Visto desde la cúspide de “La casa de los 13 cielos”

¿Por qué vale la pena visitarlo?

Recorrer Cañada de la Virgen no solo enseña historia y astronomía, sino que permite comprender cómo el conocimiento ancestral sigue orientando la relación con la tierra. ¿Dónde más, en un mismo trayecto, se puede desactivar el reloj, cruzar un jardín de plantas milenarias, escuchar el silencio y entender que el pasado no está enterrado, sino que camina con nosotros?

Dr. Omar Cruces Cervantes, Coordinador de la Zona Arqueológica. Gerardo Hernández y Abel Pastor de la comunidad “Los Toriles” que dan mantenimiento a los monumentos arquitectónicos y Margarita Morín, quién guía a Los visitantes.

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