Sebastián Aranda: joven talento que usa la fotoluminiscencia para crear tecnología médica accesible

El estudiante de 16 años, desarrolló un proyecto sobre fotoluminiscencia y busca especializarse en Ingeniería Biomédica para crear tecnología médica más accesible
Sebastián Aranda

Lo que comenzó como un proyecto sobre fenómenos ópticos terminó convirtiéndose en una experiencia que reafirmó la vocación científica de Sebastián Aranda.

Estudiante de 16 años de la Escuela de Nivel Medio Superior Centro Histórico León, encontró en la investigación una oportunidad para acercarse a la biología y a su meta de estudiar Ingeniería Biomédica.

Junto con una compañera, Sebastián desarrolló en el Centro de Investigación en Óptica (CIO), un proyecto enfocado en la fotoluminiscencia, un fenómeno óptico que permite que ciertos materiales emitan luz después de ser estimulados por una fuente luminosa.

“Nuestro proyecto se basaba en los fenómenos ópticos. Hablamos sobre la fotoluminiscencia, el cambio de color de pH y extracciones de puntos de carbono a base de biomateria”.

Durante el desarrollo del proyecto, el joven destacó el acompañamiento de especialistas que los guiaron tanto en la parte experimental como teórica, permitiéndoles comprender aplicaciones científicas que van desde el análisis de materiales hasta estudios biológicos.

La ciencia detrás de los colores

Sebastián explicó que la fotoluminiscencia ocurre cuando una sustancia es excitada por fotones provenientes de una fuente de luz, como un láser, provocando que emita un color visible.

Para demostrarlo utilizaron distintos materiales, entre ellos agua quina y clorofila. Sin embargo, esta última representó uno de los principales retos del proyecto.

“Tuvimos muchos problemas con la clorofila debido a las concentraciones. Si la sustancia está muy concentrada no va a pasar la luz y no se va a poder ver el color que deseamos”.

Lejos de desanimarse, el equipo adoptó una metodología basada en prueba y error hasta conseguir los resultados esperados.

“No es cuántos problemas tengas, sino cómo solucionas esos problemas. Estuvimos probando y nos equivocamos, no hay problema, lo volvimos a intentar y así hasta lograrlo”, señaló.

De los laboratorios a la medicina

Más allá del experimento, Sebastián encontró en la investigación científica una ventana para conocer aplicaciones reales de estos fenómenos en áreas que le apasionan, como la salud.

Explicó que la fotoluminiscencia puede utilizarse para estudiar células mediante tintes especiales que permiten observar estructuras microscópicas invisibles al ojo humano.

“La fotoluminiscencia se aplica mucho para estudios en la célula. Puedes inyectarle tintes fotoluminiscentes que al excitarlos brillan y permiten observar los organelos”.

Su interés por estas aplicaciones ha fortalecido su deseo de estudiar Ingeniería Biomédica y participar en proyectos que contribuyan al desarrollo de tecnologías médicas más accesibles.

“Me gustaría estudiar Ingeniería Biomédica y especializarme un poco más en la investigación. Me gustaría apoyar en instrumentos de salud y hacer que sean más accesibles para la gente y no tan costosos”, afirmó.

La perseverancia como motor

Para Sebastián, uno de los aprendizajes más importantes de esta experiencia fue entender que el fracaso forma parte del proceso científico.

El estudiante recordó que intentó participar anteriormente en este tipo de programas sin éxito, pero decidió volver a intentarlo hasta conseguirlo.

“No quedé en la primera, bueno, lo volví a intentar y ahora sí. La verdad es una experiencia que he disfrutado totalmente”, expresó.

Con el respaldo de su familia y la motivación de seguir aprendiendo, el joven envió un mensaje a otros estudiantes interesados en la ciencia.

“Nunca se rindan. Un error no me define; me define mi capacidad de seguir intentando las cosas”, concluyó.

Para Sebastián Aranda, la investigación no solo representa una oportunidad académica, sino un camino para transformar la curiosidad en soluciones que algún día puedan mejorar la vida de las personas.

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