La mujer que solo se lleva a los hombres: la leyenda que aún estremece las noches de Mineral de Pozos
Entre callejones empedrados, casonas de calicanto y el eco del pasado minero, una historia sigue recorriendo las noches del antiguo Palmar de Vega: la leyenda de Doña María Dolores, la mujer que, dicen, solo se lleva a los hombres.
La historia se remonta al año 1650, cuando la bonanza minera impulsaba el crecimiento de la entonces próspera población. En el Callejón del Relámpago, en el primer cuartel, se levantaba una de las mansiones más imponentes del lugar, propiedad del hacendado español Don Diego Fernández Márquez de Navarra, dueño de molinos y minas en la región.
Don Diego vivía con su esposa, Doña Catalina de Oviedo, y su hija María Dolores Fernández de Oviedo, una joven de apenas 17 años, reconocida por su belleza. La joven estaba prometida con Don Andrés Tocano, Conde de Salinas, un apuesto caballero de 40 años recién llegado a estas tierras.
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Sin embargo, lo que parecía una unión ventajosa terminó en tragedia. María Dolores se enamoró profundamente, pero la relación derivó en conflictos familiares. El enojo de Don Diego lo llevó a retar a duelo a Don Andrés, quien resultó vencedor, dando muerte al respetado hacendado. Tras el homicidio, el conde huyó del lugar.

La muerte de su padre y el descrédito social provocaron en María Dolores una profunda tristeza que deterioró su salud y, según la tradición oral, sembró en ella un profundo rencor hacia los hombres. Durante años cuentan los pobladores se dedicó a seducir caballeros para después burlarse de ellos. Esa práctica habría durado cerca de una década.
La historia tuvo un final violento: uno de sus pretendientes, enfurecido por el desprecio, la atravesó con su espada, cegándole la vida.
Desde entonces, los relatos aseguran que al anochecer una mujer vestida con encajes blancos recorre las principales calles de Mineral de Pozos. Camina con elegancia, atrae con su mirada y coquetea con hombres que deambulan por la noche.

Quienes aceptan sus insinuaciones, dicen, son guiados hasta las afueras del poblado.
Ahí, frente a frente, la hermosa figura descubriría su verdadero rostro: una tétrica calavera que paraliza de horror a sus víctimas antes de desvanecerse en la oscuridad.
Y aunque nadie ha confirmado su presencia, en el pueblo aún recomiendan que, si una hermosa mujer te llama con galantería en medio de la noche… tengas cuidado. Podría tratarse de ella.
