Así trabajan los canes de la Guardia Nacional de Guanajuato

En el Complejo Canófilo de la Guardia Nacional en Irapuato, perros y manejadores se forman como un solo equipo para detectar explosivos, drogas y salvar vidas
Foto: Cortesía

Los héroes de este país no siempre llevan uniforme. Algunos caminan en cuatro patas y poseen un olfato capaz de detectar aquello que para el ojo humano pasa desapercibido.

En Irapuato, dentro de la Coordinación Estatal de la Guardia Nacional de Guanajuato, se encuentra el Complejo Canófilo, un espacio donde se forman binomios entre elementos y perros con el objetivo de convertirlos en un solo equipo al servicio de la seguridad.

En este centro se desarrollan cuatro especialidades: búsqueda y detección de explosivos, detección de enervantes, guardia y protección, así como rastreo y búsqueda. Sin embargo, antes de iniciar cualquier especialización, todos los canes pasan por una etapa fundamental: la obediencia básica.

Personal de la Guardia Nacional explicó que en esta fase se les enseña a evolucionar, desplazarse junto a su manejador y mantener una comunicación constante, sentando las bases de disciplina y confianza necesarias para el trabajo operativo.

Desde muy corta edad, los perros llegan al complejo para comenzar su proceso de entrenamiento y adaptarse a distintos entornos. De acuerdo con sus habilidades y destrezas, posteriormente son asignados a las áreas donde mejor pueden desempeñarse.

Una de las labores más importantes es la detección de enervantes, que contempla la búsqueda y localización de sustancias como marihuana, cocaína, éxtasis y otros estupefacientes.

Durante los ejercicios, los canes aprenden a marcar cuando detectan alguna sustancia, ya sea sentándose, echándose, ladrando o rascando, lo que indica a los manejadores un posible hallazgo para su verificación.

Otra de las áreas clave es la detección de explosivos, una tarea que exige máxima precisión y control. Los binomios realizan presencia en aduanas, vías férreas, automóviles, aeropuertos y zonas urbanas, donde el riesgo puede ser latente.

Cuando un can detecta un posible explosivo, se sienta, se agacha y se recorre ligeramente hacia atrás, dando aviso de forma segura para que personal especializado intervenga y desactive el artefacto, evitando poner en riesgo a personas y al propio binomio.

Son perros que no hablan, pero que advierten. Que no portan insignias, pero sirven a su país.

Y que, todos los días, se convierten en una de las primeras líneas de defensa para proteger a la población.

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