Voladores de Papantla, quienes desafían la altura para mantener viva una tradición
Desde lo alto y con una concentración absoluta, los Voladores de Papantla desafían cada día al vértigo en la Feria de León.
Puntualmente, a las dos de la tarde, frente a cientos de asistentes, inicia un ritual que combina disciplina, valentía y espiritualidad.
La preparación es meticulosa: cada movimiento, cada amarre y cada paso están medidos antes de ascender a más de 30 metros de altura.
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“Yo empecé a los nueve años. Esto se entrena de generación en generación; mi papá fue volador y de él lo aprendí”, relató Bartolomé Bautista, volador originario de Papantla, Veracruz.
Antes de subir al poste, los danzantes realizan un ritual alrededor de la base, acompañado de música tradicional.

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“Bailamos el son del perdón para pedirle a Dios que no haya enfermedades y que tengamos buena vida y buenas cosechas”, explicó.
Ya en la cima, uno de los integrantes permanece tocando la flauta y el tambor, mientras los otros cuatro se lanzan al vacío, sostenidos únicamente por cuerdas atadas a la cintura.
“Pedimos permiso a los cuatro puntos cardinales antes de volar. El nudo que nos hacemos es especial, un amarre que se hace en forma de ocho”, señaló.
A pesar del riesgo, Bartolomé aseguró que la disciplina es clave para evitar accidentes.

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“Aquí en León nunca hemos tenido desgracias; nos piden venir bien preparados y no alcoholizados”, afirmó.
Con 68 años de edad y las manos desgastadas de pasar la cuerda entre sus dedos, continúa subiendo al poste sin temor.
“No me da miedo, las manos ya están acostumbradas; son callos de tanto trabajar la cuerda”, platicó con un rostro ya cansado.
El volador recordó que esta danza ancestral antes se realizaba únicamente en su comunidad. “Antes solo se volaba en Papantla, pero con el turismo nos empezaron a invitar a otros lugares, incluso a Estados Unidos”.

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Al terminar la feria, la vida regresa a la cotidianidad. “Yo me dedico al campo, sembramos maíz y naranja; de lunes a viernes trabajo allá y los fines de semana volamos”, detalló.
Padre de siete hijos, ahora comparte con orgullo que la tradición continúa en su familia. “Tres de mis hijos también son voladores; esto se queda en la sangre”, concluyó feliz.
Desde las alturas de la Feria de León, los Voladores de Papantla no solo ofrecen un espectáculo, sino una herencia viva que se sostiene entre cuerdas, fe y memoria.