Reparten 2 mil cenas navideñas en Silao

El Gobierno Municipal de Silao entregó 2 mil cenas navideñas a familias, hospitales y personas en situación vulnerable, llevando alimento y esperanza en Nochebuena.

Con los manteles ya puestos, las charolas acomodadas y el vapor escapando lentamente de las cajas térmicas, la Navidad comenzó a sentirse desde temprano en el jardín principal de Silao.

No eran aún las nueve de la mañana y el aroma a pollo calientito se mezclaba con risas tímidas, saludos entre vecinos y miradas cargadas de expectativa.

La fila avanzaba despacio, pero sin prisa. Los rostros reflejaban algo poco común en las filas: alegría. Alegría de saber que ese día, quizá por primera vez, habría una cena completa de Navidad sobre la mesa.

Había personas que llegaron solas, otras tomadas del brazo de sus madres, algunas empujando carriolas, otras más cargando historias que no siempre se cuentan. Todas compartían la ilusión de llevar a casa algo más que comida.

Abrazos espontáneos, sonrisas nerviosas y agradecimientos repetidos marcaron la entrega de las 2 mil cenas navideñas impulsadas por el Gobierno Municipal de Silao.

Desde el corazón del jardín, la alcaldesa Melanie Murillo observaba el ir y venir de las familias acompañado de abrazos.

“Nos llena de alegría ver que la gente viene bien contenta y que, sobre todo, va a tener una escenita caliente hoy en su mesa”, expresó con emoción.

Las cenas no solo se entregaron en el centro. Mientras en el jardín se formaban las filas, brigadas municipales recorrían una ruta que llegó al Hospital General, a anexos y a personas que, por desgracia, pasan la Navidad en situación de calle.

Este es un regalo que queremos hacer como administración a todas nuestras familias de Silao que así lo requieran. A veces la Navidad no es igual de bonita para todos y con este esfuerzo tratamos de llevar aunque sea un poquito de alegría a esos hogares”, agrego la presidenta municipal.

Para Blanca Estela González, la cena tenía un destinatario especial: su madre adulta mayor.

“Vamos a poder compartir esto en la mesa con la familia. Todo fue muy rápido y estamos muy contentas”, platicó mientras sostenía la caja con cuidado.

Cerca de ahí, se estaba Elías Hernández, de 54 años, donde esperaba su turno. Llegó hace apenas unos minutos, pero la espera valió la pena.

“Es un obsequio muy bonito. Hay veces que no alcanza y la carencia es fuerte. Esto sí se agradece mucho”, manifestó con lagrimas en los ojos.

Elías trabaja como velador desde hace siete meses, luego de perder su empleo en empresas de mantenimiento. “A veces uno busca trabajo y le dicen ‘luego le hablamos’, pero ya no llaman. Aun así, le echo ganas por mis hijos, sobre todo por el más chico, que tiene nueve años”.

La cena que llevaba no resolvía todo, pero sí algo fundamental: no pasar la Nochebuena con la mesa vacía.

Las cajas contenían pollo, puré y complementos. Pero en realidad, lo que se entregó fue dignidad, un respiro y la certeza de que alguien pensó en ellos.

“Ojalá que el nacimiento del Niño Dios traiga mucha alegría a sus hogares”, expresó Melanie Murillo.
Cuando el sol avanzaba y la fila comenzaba a desaparecer, el jardín recuperó su calma. Las personas se fueron una a una, con la cena bien sujeta entre los brazos y una promesa sencilla: calentar el pollo más tarde y sentarse juntos en familia.

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