‘Rueditas’, el hombre que convirtió la adversidad en baile y alegría en el corazón de León

Manuel “Rueditas”, el payasito del Centro de León, conquista con su baile, humor y una resiliencia que inspira a cualquiera que lo mira
Foto: 4 Noticias.

Mientras caminaba por las calles del Centro de León, entre el ruido, la prisa y esos recorridos de todos los días que una hace casi sin mirar, algo me detuvo.

A lo lejos se escuchaba música a todo volumen, y aunque ese sonido se confunde entre el bullicio diario, esta vez tenía algo distinto, algo que jalaba.

Y ahí estaba él. Manuel Bueno, mejor conocido como “Rueditas”, el payasito que desde hace más de 20 años le pone ritmo al corazón del Centro. Cuando lo ves por primera vez, su maquillaje destaca entre la gente; cuando te acercas, su carisma hace imposible no quedarte un rato. Tiene ese don de contagiarte el paso, la risa, la energía.

Lo observé bailar bajo un sol fuerte, sin que eso pareciera detenerlo. Su bocina, su acumulador y una pequeña caja para las monedas son parte de su escenario improvisado, ese que él mismo construyó cuando llegó al Centro no por fama, sino por necesidad.

“Me vine también a crecer como persona. “Aquí los payasos me enseñaron, me motivaron, me dijeron que sí podía”, me platicó con una gran sonrisa.

Desde los nueve años trabajaba en los camiones cantando con una botella de refresco que hacía sonar como instrumento.
Luego en los semáforos flameando diésel, aventando naranjas y hasta piedras de 20 kilos.

“Había mucha hambre. Vivíamos en la vecindad y éramos nueve hermanos. No hubo escuela, no hubo libros. Trabajar era la única opción”.

Además, Manuel carga con un error médico desde bebé: una punción en la espina dorsal lo dejó sin movilidad en las piernas.

“A mí nunca me crecieron los pies. Pero yo nunca he visto la vida difícil. Siempre he remado contra el miedo”, me lo dijo con tanta seguridad que decidí reservar mis lagrimas.

Mientras platicábamos, soltaba chistes sin esfuerzo, como si de verdad llevara el humor en la sangre. Vi sus brazos fuertes pero cansados de tanto apoyarse en el suelo; sus manos desgastadas por las horas de baile, de sol, de pelearle al día. Aun así, cada vez que alguien pasa, les regala una sonrisa.

Me contó que su rutina empieza al mediodía y termina hasta las ocho de la noche. “Pesa más la hambre que el sol”, en ese momento soltó una carcajada pero yo sabía que detrás de eso no podría ocular el dolor.

Ha cambiado de cumbias a música disco, buscando que la gente siempre sienta algo distinto cuando pasa frente a él.

Y cuando le pregunté qué significa darle ritmo al Centro de León, me sorprendió su respuesta. “Es la actitud. El jefe me puso aquí para que la gente vea que no hay límites. Todos tenemos días difíciles, pero si yo puedo estar aquí con ganas, la gente también puede”.

Ese día entendí por qué su baile me había detenido desde lejos. Manuel “Rueditas” no solo baila. Inspira. Y en cada giro, cada canción y cada carcajada, demuestra que la resiliencia también se puede bailar.

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