El Torito: la fiesta de la vida
Sin torito no hay fiesta
Este fin de semana, Purísima del Rincón fue sede del Encuentro de Toritos, una celebración que reunió a danzantes, historiadores y promotores culturales de Silao, Romita y Purísima. La frase que lo resume, en voz del historiador silaoense, José Luis Zúñiga, es clara: “Sin torito no hay fiesta.”

La danza del torito es una manifestación cultural del Bajío que representa, a través de personajes simbólicos, la lucha de cada persona contra los embates de la vida. Como explica el investigador del municipio de Purísima del Rincón, Álvaro Melchor Huerta: “El toro es la vida, y cada personaje —sin importar edad, condición física o social— intenta enfrentarlo.”

El diablo, el toro y los pecados
La historia que se representa es profunda: el diablo libera a un toro que causa estragos en la comunidad. Los personajes —el hacendado, el caporal, la maringuia, el viejito, la borracha— salen a enfrentarlo. Cada uno encarna un pecado, y todos terminan encontrándose con la muerte. Es un sincretismo entre cosmovisión indígena y tradición católica, que hoy forma parte de las fiestas populares en el Bajío.
De las haciendas a las bodas
Aunque su origen es disputado entre Silao y Romita, ambos municipios coinciden en su valor cultural. Zúñiga ubica su nacimiento en la Hacienda de Chichimequillas (Silao, siglo XVI–XVII), mientras que en Romita se señala la Hacienda de La Laja (siglo XVIII). Francisco Javier Araujo, promotor cultural del municipio de Romita, lo resume así: “La finalidad es compartir nuestra tradición.”

La danza llegó a Purísima en 1850, traída por el artista Hermenegildo Bustos, quien le dio un toque único. Según Melchor Huerta, Bustos retrató la vida de su época, incluyendo personajes afroantillanos que trabajaban en las minas de la comunidad de Cañada de Negros.
Bailar con la huesuda
Hoy, el torito se baila en fiestas religiosas, cumpleaños e incluso bodas. Cada comunidad le agrega personajes, modifica vestuarios y adapta el relato, pero el mensaje permanece: torear a la vida con nuestras virtudes y defectos. Porque al final, como dice la tradición, todos terminamos danzando con la huesuda.
