Calles empinadas de León ponen a prueba la resistencia de peatones y conductores
Caminar por la calle Ferrocarriles Nacionales, en la colonia San Martín, no es cualquier cosa. Desde abajo, la subida parece inofensiva: un tramo empinado que se estira como un reto silencioso, pero basta dar unos pasos para que las piernas empiecen a sentir el peso y la respiración se agite.
No sé si es el calor, la inclinación o la mezcla de ambas, pero llega un momento en que uno siente que el asfalto tira de ti hacia atrás.
A mitad del camino, la lomita se convierte en un verdadero muro invisible. Ahí es donde, de acuerdo con Juana González comerciante en la zona desde hace un año, ocurre lo peor.

“Es donde más accidentes hay”, me compartió Juana, señalando con su mano el punto preciso donde las motos se quedan sin fuerza y retroceden, y donde más de un camión pesado ha terminado su intento de ascenso con consecuencias peligrosas.
Ella recuerda especialmente el día en que una pipa insistió en subir. “Le dijimos que no lo hiciera, pero el chofer no escuchó y a medio camino se vino de reversa. Para no irse al río, se metió a una casa: destrozó el portón, parte de la barda y rompió una tubería. SAPAL tuvo que venir de emergencia por la fuga de agua”.
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La pendiente no solo es dura para subir; de bajada es resbalosa. Las escaleras a un costado parecen la opción segura, pero la mayoría de la gente por prisa o costumbre prefiere caminar junto a los autos, en una zona donde cada paso se siente en el cuerpo y cada curva puede ser un riesgo.
Leslie Uribe es vecina de la colonia donde todos los días a través de su motocicleta sube esa pendiente a la cual ya está acostumbrada y sin ningún problema la sube.
“Por día la llego a subir dos veces, pero ya es la costumbre. Al principio si te cuesta para subir, pero es a mitad de camino y al final se siente más inclinado y más como es doble sentido si llega a ver esa confusión”, describió Leslie.

Incluso algunos han propuesto a la presidencia municipal reducirla a un solo carril para evitar accidentes, pero hasta ahora no hay respuesta. Mientras tanto esta cuesta sigue siendo un desafío diario, un tramo donde no solo se mide la resistencia física, sino también de quienes se atreven a enfrentarla.
La avenida Mariano Escobedo, que inicia en la calle Kennedy y termina en el bulevar Escobedo, es otro punto crítico. Su inclinación se siente más en el último tramo, sobre todo para peatones. No es tanto lo empinado como lo largo: el desgaste se acumula y el final se vuelve un suplicio.
Más desafiante aún es la Avenida Cerro Gordo, con 2.3 kilómetros de recorrido y un desnivel de 140 metros. A pie, el reto no solo está en la inclinación, sino en las banquetas irregulares: algunas tan altas que convierten cada paso en un ejercicio extra.
La subida hacia Gran Jardín, rumbo al Cerro del Gigante, es la más exigente para conductores y ciclistas. Desde el libramiento y el Instituto Monclier, la ruta comienza plana, pero pronto se transforma en una pendiente que no da tregua. En el kilómetro 8.3, un desvío a la izquierda lleva directamente al cerro, punto más alto de la ciudad.
Finalmente, la Avenida Vivar ofrece su propio desafío: bajo el sol, la vista no encuentra el final. A mitad de camino, un tope sirve como descanso improvisado para peatones que, con pasos lentos, buscan terminar la subida.
Estas cuestas, repartidas en distintos puntos de León, no son solo un obstáculo urbano: forman parte de la vida diaria de vecinos, trabajadores y conductores.