La alfarería de Gregorio que da sabor a Guanajuato
Entre cazuelas, el barro y una tradición que se resiste al olvido, Gregorio Delgado Gómez mantiene viva la herencia de su cultura otomí a través de la alfarería.
Lo suyo no es una moda ni un pasatiempo: es una historia de vida que comenzó desde los 15 años, cuando aprendió a trabajar la piedra para fabricar molcajetes, y que hoy continúa con ollas, cantaritos y cazuelas que dan un sabor único a la comida guanajuatense.
”Primero hice molcajetes de piedra a mano después con la fabricación de las cazuelas y las ollas porque aprendí la manera de poder hacerlo, aunque sea cansado me llena de mucho orgullo”, expresó contento.

Fue así como, con el paso del tiempo y con la ayuda de su familia, perfeccionó el proceso de fabricar utensilios de barro. Pero hacerlo bien requiere más que solo moldear: se necesita sabiduría, paciencia y conexión con cada pieza.
El primer paso es seleccionar el barro adecuado, debe ser uno que no truene al cocerse y, sobre todo, potencie los sabores de la comida.
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“El barro lo traemos de Michoacán y del Estado de México. Aquí en Guanajuato no se da igual. Tiene que ser un barro especial, para que la olla les salga bien, para que el guisado se saboree”, añadió.
Gregorio no solo moldea el barro; también lleva con orgullo su lengua y cultura otomí. Aprendió español más tarde, después de viajar a la Ciudad de México. “Yo desde niño hablo otomí, no sabía español. Me costó mucho aprenderlo, pero me siento orgulloso de saber hablar de mi cultura”, platicó contento.
Una olla grande puede tardar desde medio día hasta un día en hacerse. Por ejemplo, una olla de 50 litros ideal para preparar aguas frescas requiere de manos expertas. Los cantaritos para el agua, por su parte, se elaboran en unas tres horas y mantienen la bebida fresca sin necesidad de refrigeración.

“El barro le da sabor al agua. Aquí no se necesita hielo, ni refrigerador, el agua se conserva bien fresca”, explicó mientras mostraba uno de sus cantaritos.
También ofrece platos pozoleros para el menudo y el pozole, cazuelitas para fundir queso o preparar choriqueso, y utensilios para la salsa o el café de olla. Todo hecho a mano y con el alma.
Durante la Feria de Verano Vive León 2025, lo puedes encontrar de 10 de la mañana a 11 de la noche. Pero fuera de la feria, también tiene puntos fijos como los martes que se instala en el tianguis de San Juan Bosco, sobre la calle Sevilla y Burgos y los domingos está en el mercado de San Felipe de Jesús.
Ahí cuelga sus cazuelas, ollas y platos como exhibición que ya forma parte del paisaje del tianguis.