¿Sabías que en León existieron aeropuertos?… Conoce cómo lucen ahora

Descubre historia aérea de León: campos, tragedias y persistencia urbana

León tiene una historia aérea tan accidentada como fascinante, donde la guerra, la geografía y la improvisación marcaron el rumbo de sus primeros vuelos.

De acuerdo con el cronista de la ciudad, Luis Alegre, los campos aéreos en México tienen un origen militar. El primer campo aéreo de la ciudad surgió en la Guerra Cristera, instalado por el ejército para bombardear a los cristeros. Este espacio fue habilitado en lo que hoy conocemos como la colonia Arbide.

Posteriormente, en 1927, nace de manera formal el campo aéreo de Bellavista, bautizado así por su cercanía con la recién inaugurada colonia del mismo nombre. Un año después, el ejército construyó una pista en forma de cruz y un cuartel militar para su resguardo, justo en el lugar donde hoy se encuentra el Templo de Fátima.

Con el fin de la Guerra Cristera, el país comienza a experimentar con las primeras rutas de aviación comercial. En aquel entonces, los aviones apenas transportaban entre 4 y 5 pasajeros.

En 1929, las autoridades comenzaron a evaluar si convenía conservar la pista de Bellavista como aeropuerto o trasladarlo a un nuevo terreno: Santa Rosa, parte de la antigua Hacienda Santa Lucía, una de las más grandes de la historia leonesa.

Santa Rosa ofrecía un terreno plano aunque blando, mientras que en Bellavista se ubicaba en una elevación rocosa. Sin embargo, Santa Rosa tenía un defecto insalvable: era la bajada natural del agua en León. Se inundaba cada año, lo que hacía inviable el despegue o aterrizaje de cualquier aeronave.

Las pruebas fracasaron y, aunque duraron cuatro meses intentando salvar el proyecto, se optó por fortalecer Bellavista lo que equivale a la avenida Nicaragua a pesar de que sus pistas eran cortas y su suelo poco favorable.

Aun así, Bellavista se consolidó como el primer espacio de aviación civil de la ciudad. Desde allí operaron pequeñas rutas entre Irapuato, Celaya, León y Ciudad de México. Se construyó una estación modesta, con una sala de espera y algo similar a una torre de control, pero como muchas iniciativas de la época, el proyecto colapsó hasta que en los años cuarenta surgió una propuesta por la aerolínea Panini.

Panini obtuvo la concesión gubernamental, priorizando el transporte de correo aéreo y pasajeros. Su ruta inicial fue México–Irapuato–León–Aguascalientes, extendiéndose de forma experimental a Mazatlán, Durango, Torreón e incluso Guadalajara.

Además, también fue la primera empresa en abrir una oficina de boletos en León, ubicada en lo que fue el Hotel Condesa, en el Portal Bravo. Sus aviones, mucho más grandes que los anteriores, lograron un verdadero flujo de personas, especialmente en la ruta entre México y León, la de mayor demanda. Sin embargo, en 1947, una tragedia marcaría la historia de la aviación leonesa. Un avión de Panini despegó con fallas en el motor, intentó regresar, pero se estrelló junto al Santuario de Guadalupe, cuyas torres aún no estaban terminadas. El accidente cobró la vida de los tripulantes y de varios jóvenes que vivían en una casa contigua al templo.

Este hecho detonó una decisión crítica: cerrar el campo aéreo de Bellavista por estar ya demasiado rodeado de viviendas.

Bellavista cesó operaciones en 1948, después de casi dos décadas de funcionamiento. Se volvió a intentar utilizar el terreno de Santa Rosa, esta vez por la aerolínea Aerovías Reforma, que tomó la concesión de la ruta México–León. Pero nuevamente, el proyecto fracasó por las persistentes inundaciones, y se desechó definitivamente por el alto costo de acondicionar el terreno.

El sitio elegido fue el rancho de San Carlos, a 10 kilómetros del centro, cruzando el puente del río de los Gómez. Aislado, sin montañas cercanas y con condiciones climáticas favorables, San Carlos fue finalmente adquirido ya sea por compra o expropiación para convertirse en el nuevo aeropuerto de la ciudad.

La inauguración oficial estaba programada para 1953, pero una lluvia torrencial arrasó con la pista antes del evento, dejando a León sin vuelos durante medio año.

Luego de seis de meses se comenzó las reparaciones y comenzó operaciones pero esta esta vez sin ceremonia, con la llegada de los Douglas DC-3, aviones considerados icónicos en la aviación comercial mundial. Con capacidad para entre 21 y 24 pasajeros, se convirtieron en el emblema del nuevo capítulo aéreo leonés. Aunque en los años siguientes se ensayaron rutas hacia otras ciudades como San Luis Potosí, Culiacán, Torreón o Ciudad Juárez, la ruta troncal siguió siendo la misma que desde los tiempos de Panini: Ciudad de México–León.

Así, entre guerras, errores de planificación, tragedias y perseverancia, León consolidó su conexión aérea con el país, hoy el Aeropuerto Internacional de Guanajuato, en una historia que, como bien relató el cronista Luis Alegre, va mucho más allá de una pista y una torre de control, sino en un reflejo de una ciudad que aprendió a volar desde el suelo rocoso hasta alcanzar nuevas alturas.

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